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lunes, 3 de julio de 2017

el barrio de mi infancia


  No son las criaturas quienes mueren
Es al revés 
las cosas sencillamente mueren.
Las criaturas no mueren 
porque a sí mismas se hacen.
Y aquel que nace de sí mismo 
se condena  a ser eterno.
Sale un polvo de las tumbas 
que sofoca  mi  pasado 
cada vez que visito mi antiguo barrio.
La casa murió 
en el lugar donde nací: 
mi infancia 
ya no tiene lugar para dormir.
Pero sucede que, 
desde cualquier patio, 
llega a mí la risa salvaje 
de los niños jugando.
Se ríen y explican 
las mismas locuras 
que ya fueron  soberanas 
de  castillos y quimeras.
Una vez más me tocó la pared fría 
y siento en mí el pulso 
de quien  vive para siempre.
La muerte 
es el abrazo imposible de agua.




domingo, 12 de abril de 2015

Destino

Me estoy acostumbrando a la
poca ternura
en la medida que me pospongo
siervo de daños y engaños.
Voy perdiendo morada
en la lentitud repentina
de un destino
que me va quedando escaso.
Conozco mi muerte
su lugar esquivo
su acontecer disperso.
Ahora,
¿qué más podría vencerme?





martes, 25 de noviembre de 2014

para ti

Fue para ti
que deshojé la lluvia
para ti desprendí el perfume de la tierra
no toqué nada
y para ti fui todo.

Para ti grité todas las palabras
y todas me faltaron
en el minuto que me faltó
el sabor del siempre.

Para ti di mi voz,
a mis manos
les abrí las yemas del tiempo
asalté al mundo
y pensé que todo estaba en nosotros.

En ese dulce engaño
de ser dueños de todo
sin que nada tengamos
simplemente porque era de noche
y  dormíamos.

Descendía yo a tu pecho
para buscarme
y antes de que la oscuridad
nos ciñese la cintura
estaban  nuestros  ojos
viviendo desde una mirada
amando  desde  una sola vida.